jueves, 23 de noviembre de 2017

El homicidio del español.

Oficialmente el homicidio del español se produjo en 1978, cuando la Constitución decidió apartarlo definitivamente y lo rebajo a castellano, con el beneplácito de algún medievalista y de mucho bobo.
Ciertamente se le mataba sólo de nombre, pero esa muerte que lo enanizaba era significativa.
Es sorprendente que un bien tan compartido, llamado internacionalmente español, oficial en muchos países y con muchas academias se redujese con el voto bobo de unos pocos y por la inquina de quienes no lo querían de ninguna forma.
Uno hubiese entendido que alguno quisiese ponerle un nombre más amplio, cuando se compartía por millones en varios continentes, pero la reducción supuestamente cultista sólo tenía un sentido político y ese sentido era la imposición separatista.
España, una de las naciones mas antiguas del mundo, con un idioma extendido en todo el territorio desde hace siglos, se quedaba sin idioma común, sin un idioma propiamente español. Decir que eso se hacía para que las otras lenguas de España fuesen mas españolas es obviar que los grandes defensores del desastre fueron los separatistas. En el disparatado mundo que construían los biztkaitarras y separatistas catalanes, nación equivale a lengua y por ello necesitaban hacer dos cosas, definir el español como un idioma de otro sitio, de Castilla, aunque se hablase y se escribiese y se cultivase mayoritariamente en cada territorio y luego definir la lengua minoritaria como la propia.
De ese enorme error procede el segundo que es el de la  argumentación sobre la enseñanza en español desde la perspectiva de la lengua materna, que es con la que se ha intentado actuar en los territorios donde el español esta perseguido.
En España la enseñanza paso del latín al español. La extensión de la enseñanza primaria, del bachillerato y de la enseñanza universitaria se hizo, claro está, en español. Al cambiar el nombre del idioma se inventó eso de la normalización, que no es otra cosa que la represión del idioma común, no de un idioma materno contra otro idioma materno.
La broma ha alcanzado su zenit cuando se ha cambiado el nombre de las ciudades españolas en español, que era por el que se conocieron, para ponerles nombres locales, obligando a los españoles a llamar a esas ciudades de otra forma. Que el propósito es negar la españolidad no se le escapa a nadie y el que lo hiciese sin ese propósito pecó de cobarde o de imbécil, que el elija su calificativo.
Algunos lo vieron venir como Camilo José Cela en los debates del Senado, pero los separatistas impusieron lo que les convenía desde el principio, como puede verse en las diversas intervenciones.
Que España o el español sobrevivan a estos ataques de deberá a la fortaleza de la presa, no a la inquina de los cazadores.

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